El Dios del Cacao. (Begoña Gamonal Flores)

El cacao creó un Dios

para consolar el instante amargo

con amargor endulzado.

 

Así se llamó al Dios del cacao como Chocolate, resultado del matrimonio entre el azúcar y la manteca de cacao, el té de los Mayas, el café de los Aztecas.

A lo largo de los tiempos se fueron añadiendo otros ingredientes complementarios a gusto de cada cultura tales como miel, harina de maíz o chile,  al tiempo que desde América se iba extendiendo a otros continentes como Europa.

Pero qué es el cacao en realidad?  No lo tomen a broma, el chocolate es algo muy serio. Es un embaucador del ánimo. Como si de un amante de los sentidos se tratase (de eso se trata), se adentra en nuestro paladar derramando toda su sensualidad sobre nuestras papilas gustativas; camaleónico en forma y aspecto, gusto y tacto, se amolda a todos los placeres sensitivos; líquido o sólido, solo o acompañado con leche u otros compañeros de la tierra, léase frutos secos, es el compañero ideal de nuestras hambrientas emociones cuando éstas andan arrastrándose por las veredas de la tristeza, puesto que logra levantarlas de un solo bocado y las sube a la cima de las sensaciones confortables; comparable a la bocanada de aire fresco que nuestro espíritu reclama ahogado en su propia pesadumbre. Un amplio abanico de mezclas creado con todo el poder de su belleza para cada una de sus víctimas, se presenta a nuestra disposición, personalizado según nuestro deseo: los hay melosos y dulzones como seda derretida, amargos y vigorosos como un beso furtivo, cremosos como un beso fundido, compactos como carnes prietas.

Pero como no es oro todo lo que reluce, no todo podían ser virtudes; también presenta algunas contraindicaciones, a saber: su amor mental es efímero y para lograr su permanencia requiere de dosis continuadas en nuestro organismo. En caso de sobredosis, la parte más castigada es nuestro físico, atacado sin contemplaciones por largas horas de borrachera estomacal y diarreica. A añadir que su consumo continuado genera una adicción de la que es imposible desengancharse, y de la que uno no es consciente hasta que no está perdidamente enamorado de sus encantos. Su espíritu de atracción es tan potente como el de sus hermanas de tierra el café o el té. Su abandono genera un alto grado de ansiedad y causa al ánimo todos los efectos contrarios a los que su consumo inicial desencadena.

Porque el Dios del Cacao es como el Dios Baco de los alcohólicos: su efecto en bajas dosis embriaga, en altas dosis envenena. Tengan cuidado con él.

Más obras de la autora en: http://www.gamonalb.com
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2 respuestas a El Dios del Cacao. (Begoña Gamonal Flores)

  1. ¡Ni hablar, me niego, el chocolate no tiene efectos adversos! (palabra de adicta)
    Te pongo aquí un signo de interrogación que me he encontrado por ahí solito: ¿

  2. amaiapdm dijo:

    Gracias por escribir, he disfrutado de leer tu relato. Un beso. Amaya

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